Kanto, Japón · Montaña, Mar/Playa
El lado occidental de la península de Boso, con el Buda de piedra sentado más grande de Japón (31m, tallado directamente en la roca), 1.500 estatuas de rakan repartidas por senderos boscosos, y el mirador 'Jigoku Nozoki' (mirar al infierno): una estrecha lengua de roca suspendida sobre el precipicio, con vistas a la bahía de Tokio, el Pacífico y, en días claros, el monte Fuji.
Tren — JR Sobu Line Rapid hasta Kimitsu (o Soga/Kisarazu) + trasbordo a la línea JR Uchibo hasta Hamakanaya, ~2h, ¥1.980, ambos tramos 100% JR. Desde la estación, 6min a pie hasta la base del monte; teleférico a la cima en 4min (¥950 ida y vuelta) o subida a pie en 1-1.5h. Entrada al templo Nihonji ¥600.
'Mirar al infierno': una estrecha lengua de roca suspendida sobre el precipicio, con vistas a la bahía de Tokio, el Pacífico y, en días claros, el monte Fuji.
El mayor Buda sentado tallado directamente en roca de Japón, de unos 31 metros, dentro del recinto del templo Nihonji.
Unas 1.500 estatuas de piedra de discípulos de Buda repartidas por los senderos boscosos del templo Nihonji, muchas erosionadas por el tiempo y cubiertas de musgo.
Cuatro minutos suspendido sobre la bahía de Tokio hasta la cima: la forma cómoda de subir con niños o con menos movilidad, en vez de la escalinata.
Fundado en el año 725 por el monje Gyoki por encargo del emperador Shomu, es el templo que da sentido a todo el monte; Minamoto no Yoritomo plantó aquí una cica y escritores como Soseki dejaron constancia de su visita.
Varios establecimientos del puerto abren sus baños a visitantes de día, algunos con rotenburo de agua termal mirando directamente al mar.
Cuarenta minutos de travesía con gaviotas, el Fuji al fondo en días claros y el perfil dentado del monte acercándose: llegar es parte de la excursión.
Junto al puerto de Kanaya: pescado del día, souvenirs de la península de Boso y un obrador de baumkuchen premiado internacionalmente.
Ruta de senderismo alternativa al teleférico (unos 50 min a pie), que pasa por una antigua cantera de piedra del periodo Edo reconquistada por el bosque, con inscripciones y pequeños budas tallados en la roca.
Unos 3 km por la antigua rampa por donde se bajaba la piedra en carros, pasando por un gato tallado en la roca hasta el mirador de la cima, a 329 m.
De diciembre a febrero, el valle vecino se cubre de millones de narcisos silvestres a lo largo de una carretera rural, uno de los pocos espectáculos florales de pleno invierno en Japón.
Museo dedicado a 'la piedra y el arte', con un almacén de piedra boshu catalogado como bien cultural, que explica de dónde salió el paisaje de canteras del monte.
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