Shikoku, Japón · Ciudad
Sede del festival de baile Awa Odori y punto de partida de la peregrinación de los 88 templos de Shikoku.
Tren + bus — Bus directo desde Osaka; tren dentro de Shikoku
El mayor festival de baile de Japón, celebrado cada agosto en las calles de Tokushima con cientos de miles de bailarines y músicos.
Tokushima es el índigo japonés: el clan Hachisuka construyó su riqueza sobre el awa-ai y en el siglo XIX la prefectura producía casi todo el tinte del país. En pleno centro sigue habiendo talleres familiares en activo donde se tiñe un pañuelo o una toalla propios.
El festival de baile más famoso de Shikoku, con demostraciones todo el año.
En las zonas libres del festival se forman los niwaka-ren, grupos improvisados a los que cualquier visitante puede unirse sin inscripción, sin traje y gratis: solo hay que seguir el ritmo. Es la mejor manera de vivirlo desde dentro en lugar de mirarlo desde una tribuna.
Una barquita rodea en media hora la 'isla calabaza' que forma el centro de la ciudad, pasando bajo una veintena de puentes. El pase nocturno, con el Bizan iluminado, es de lo mejor de Tokushima y casi nadie lo conoce.
Cinco templos del circuito en tramo urbano y cómodo: el Joraku-ji con su jardín de roca en forma de olas, el Kokubun-ji sobre un yacimiento del periodo Tenpyo, el Kannon-ji —el templo del circuito con más leyendas milagrosas— y el Ido-ji, con un Kannon de once caras declarado Bien Cultural Importante.
Festival de anime que ocupa la ciudad entera en vez de un recinto: escenarios en el monte Bizan, el Awa Odori Kaikan, la estación y las arcadas. Nació del estudio ufotable, que tiene su sede aquí. Asistir es gratis; suele celebrarse en mayo, aunque el calendario ha tenido cancelaciones.
La colección del clan Hachisuka y una maqueta restaurada del palacio. Lo mejor es el jardín Omote-Goten adjunto, declarado Lugar Escénico Nacional: es el jardín original del palacio del daimyo, no una reconstrucción. Cierra los lunes.
En Naruto, a unos veinte kilómetros. Es el museo más grande de Japón por superficie: mil obras maestras occidentales reproducidas a tamaño real sobre placas de cerámica, incluida la Capilla Sixtina entera. Suena a kitsch y funciona sorprendentemente bien, pero hay que reservarle medio día.
Caldo tonkotsu-shoyu marrón oscuro, panceta de cerdo dulce-salada en lugar de chashu y, la marca de la casa, un huevo crudo que se rompe dentro. Se pide con un cuenco de arroz blanco aparte, no con más fideos; hay tres escuelas según el color del caldo.
Uno de los remolinos marinos más grandes del mundo, visibles desde barco o pasarela. Está en el municipio de Naruto, a unos quince kilómetros. Los remolinos dependen de la tabla de mareas de cada día y son máximos en las mareas vivas de primavera y otoño: hay que consultarla antes de ir.
A unos treinta kilómetros al oeste. El awa washi tiene más de 1.300 años y aquí siguen fabricando papel para conservación de museos de todo el mundo; hay taller para hacerse una hoja propia.
El mayor distrito de bares de Shikoku en densidad, al sur del río Shinmachi: izakayas, barras de madera y locales de más de cuarenta años. Los clásicos aceptan bien al cliente que llega solo, cosa poco habitual en Japón.
Varios talleres de la ciudad —algunos son fabricantes textiles reales, no escuelas para turistas— admiten visitas con reserva para teñir un fular o una camisa; los horarios son de fábrica, con cierre los fines de semana en algunos casos.
En el parque Bunka no Mori, a dieciocho minutos en autobús: pintura occidental y japonesa, escultura, fotografía y contemporáneo por doscientos yenes, de las entradas más baratas de Japón para un museo prefectural. En el mismo parque están el museo prefectural y el de literatura.
A unos diez kilómetros al noroeste, la antigua casa-almacén de una familia de mercaderes de índigo, con maquetas a tamaño real del proceso de fermentación del sukumo. Es el sitio para entender el índigo como industria histórica, más allá de teñir un pañuelo.
Punto de partida tradicional de la ruta de los 88 templos de Shikoku. Precisión geográfica: no está en la ciudad de Tokushima sino en Naruto, a unos quince kilómetros — tren hasta Bando y diez minutos a pie.
El sudachi, el cítrico emblema de la prefectura, sale del 98% de la producción japonesa y se exprime sobre pescado, fideos y hasta cerveza. El awa-odori-dori es el pollo de raza local, y el sobagome zosui una sopa espesa de granos enteros de trigo sarraceno que la leyenda atribuye a los refugiados Heike.
Teatro tradicional de marionetas propio de Tokushima con más de 300 años de historia, representado en el Awa Jurobe Yashiki.
Sale de la quinta planta del Awa Odori Kaikan. Dato clave para planificar: de abril a octubre sube hasta las nueve de la noche, pero de noviembre a marzo cierra a las cinco y media, así que en invierno no hay vista nocturna en teleférico.
En la arcada del centro, un cine propiedad del estudio de Demon Slayer y Fate, con proyecciones temáticas, exposiciones de material de producción y café. Es probablemente el único cine del mundo gestionado por un estudio de anime.
Aldea alfarera conocida por sus grandes piezas de cerámica, tradicionalmente usadas para almacenar el vinagre y el sake locales. Precisión geográfica: los hornos visitables están en Naruto, no en la ciudad de Tokushima.
El Yoshino, al que llaman el Saburo de Shikoku, desemboca en el norte de la ciudad; hay paseos fluviales y carril bici sobre los diques. El rafting está en el desfiladero de Oboke, a dos horas por carretera.
Tokushima es una de las pocas prefecturas de Japón sin ningún gran almacén desde que cerró el Sogo en 2020. Quedan las arcadas de Higashi-Shinmachi, con bastantes locales vacíos, y Poppo-machi junto a la estación: un retrato honesto de la Japón provincial, más interesante como paseo antropológico que como destino de compras.
Recorrido a lo largo del río Yoshino a finales de marzo, con una carrera corta alternativa; hay que inscribirse con meses de antelación.
Teleférico hasta un mirador con vistas nocturnas sobre la ciudad y la bahía.
Parque con las ruinas del castillo de Tokushima, un museo histórico y el jardín japonés Senshukaku.
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