Kansai, Japón · Ciudad
El castillo original mejor conservado de Japón, apodado 'la garza blanca'.
Tren — Shinkansen directo desde Osaka o Kioto
Patrimonio de la Humanidad, el castillo japonés mejor conservado y más fotogénico.
Congrio a la brasa sobre arroz, la especialidad de esta costa, más suave y menos graso que la anguila de río.
Engyo-ji es la parada número 27 de la peregrinación Saigoku de las 33 Kannon y sirve comida vegetariana de templo en su salón principal, con reserva.
Himeji curte desde hace mil años con un método sin taninos que deja el cuero blanco, y concentra hoy en torno al 70% de la producción de piel de Japón.
El único safari en coche de todo Kansai, combinado con parque de atracciones y pista de patinaje.
Aquí el oden no se come del caldo sin más: cada pieza se moja en salsa de soja con jengibre rallado, una costumbre exclusiva de la ciudad.
Nueve jardines de estilo Edo justo al lado del castillo.
Festival de mediados de octubre del santuario Matsubara Hachiman en el que cuadrillas chocan violentamente varios mikoshi entre sí como ofrenda ritual.
Complejo de templos entre bosques en el monte Shosha, escenario de 'El último samurái'.
Tres equipamientos municipales a un paso del castillo, con planetario incluido: el plan de reserva si llueve o si se viaja con niños.
La tostada con pasta de almendra se inventó en las cafeterías de Himeji y hoy es el desayuno local por defecto, servida con el 'morning set'.
Bodega urbana histórica con sala de cata y comedor, en pleno casco antiguo (el sake de Nada, que se confunde a menudo, es en realidad de Kobe).
Entre la estación y el castillo hay varias callejuelas de tabernas pequeñas donde se come oden y anago sin nada de turismo.
Calle comercial cubierta que conecta la estación con el castillo.
La torre blanca iluminada se ve desde toda la avenida de la estación, y en fechas concretas se proyectan espectáculos de luz sobre sus muros.
Los salones de madera de Engyo-ji (Maniden, Jikido, Daikodo) hicieron de aldea de Katsumoto en la película, y se recorren tal cual aparecen en pantalla.
Media hora de ferry desde el puerto: callejones llenos de gatos, un santuario milenario, canoa por las calas y guisos de pescado en un ritmo isleño que nadie asocia a Himeji.
Pequeño parque sobre una colina con uno de los mejores miradores gratuitos y menos concurridos del castillo de Himeji.
Hormigón visto, rampas y geometría de Tadao Ando a poca distancia del castillo, un contraste radical con la arquitectura de madera del recinto.
Santuario dedicado a Sugawara no Michizane sobre una colina boscosa, tradicionalmente visitado por estudiantes antes de exámenes.
El viejo camino de peregrinos hasta Engyo-ji, una hora de subida por el bosque como alternativa al teleférico.
En junio, la ciudad entera sale a la calle en yukata para una fiesta con trescientos años de historia y cientos de puestos alrededor del santuario Osakabe.
Maratón de febrero que arranca y termina a los pies del castillo.
Museo diseñado por el arquitecto Tange Kenzo junto al foso del castillo, con colecciones de arte moderno y exposiciones temporales.
Colina con jardín y mirador sobre la ciudad y el castillo.
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