Kansai, Japón · Mar/Playa, Pueblo/ciudad pequeña
Una de las tres vistas más célebres de Japón (Nihon Sankei): una lengua de arena de 3,6km cubierta de pinos que separa la bahía de Miyazu del mar abierto, mejor contemplada 'del revés' (agachándose y mirando entre las piernas) desde el mirador de Kasamatsu.
Tren — Limited express directo 'Hashidate' desde Kioto (2h09min, sin trasbordos); también accesible combinando JR hasta Fukuchiyama y la línea Kyoto Tango Railway. Cubierto por el Pase Kansai WIDE (incluye uso libre de la Kyoto Tango Railway).
3,6km de arena cubiertos de más de 8.000 pinos entre dos bahías, recorribles a pie o en bicicleta de alquiler.
A media hora: unas 230 casas alineadas sobre el agua en una bahía casi sin mareas, con el garaje de la barca en la planta baja y la vivienda encima. Uno de los pueblos más fotogénicos de Japón.
De noviembre a marzo, los machos de cangrejo de nieve se subastan etiquetados puerto por puerto y se sirven en menú completo en los ryokan: el gran reclamo invernal de esta costa.
Telesilla o funicular hasta un mirador desde el que, agachándose y mirando entre las piernas ('matanozoki'), la lengua de arena parece un puente hacia el cielo.
El mirador del lado sur, al que se sube en monorraíl o telesilla, con noria incluida; desde aquí la lengua de arena parece un dragón volando.
Bodega de 1754 frente al mar, dirigida por una de las pocas maestras toji del país, que elabora un sake rosado con una variedad de arroz rojo antiguo.
Calle de casas de comerciantes junto a un canal, en la comarca que teje el crepé de seda con el que se hacen los kimonos de todo Japón.
Tres kilómetros entre casi ocho mil pinos y dos mares, en un cuarto de hora, con alquiler de bicis junto a la estación.
Varias funaya se alquilan como alojamiento: se duerme con el agua golpeando justo debajo del suelo.
La bahía protegida da ostras de invierno y ostras de roca gigantes en verano, además de la dorada por la que es conocida la comarca.
Los propios pescadores hacen de taxi-barco y enseñan el pueblo desde el mar, con gaviotas y milanos siguiendo la estela.
Se considera el lugar donde se veneró a la diosa Amaterasu antes de trasladarla a Ise, y conserva detalles arquitectónicos que solo se repiten en el Gran Santuario.
Templo dedicado a Monju, el bodhisattva de la sabiduría, en la entrada sur de Amanohashidate; popular entre estudiantes antes de los exámenes.
Parada 28 de la peregrinación Saigoku, colgada en la ladera por encima de la bahía, con un mirador aún más alto que el de Kasamatsu.
El 16 de agosto se sueltan diez mil farolillos en la bahía junto a hogueras con forma de caracteres: uno de los tres grandes toro nagashi del país.
Aguas descubiertas en 1999 junto a la estación, con baño público y un pediluvio gratuito al pie del pinar.
En verano se puede nadar literalmente dentro del banco de arena, con agua tranquila a ambos lados y sombra de pinos.
Cuatro casas de té frente al templo llevan desde el periodo Edo vendiendo el mismo mochi, que según la tradición da sabiduría a quien lo come.
Miyazu es puerto pesquero activo: pescado y marisco de la bahía servido en restaurantes junto a la estación.
A una hora, en Kyotango: la arena chirría al pisarla, y solo sigue haciéndolo porque el pueblo la mantiene escrupulosamente limpia.
Recinto interior escondido en el bosque, con una roca sagrada y un manantial considerado de las mejores aguas de Japón.
Telares familiares visitables donde se ve el retorcido extremo del hilo que da a este tejido su tacto rugoso característico.
Doce minutos de barco de una punta a otra de la bahía, buena alternativa para no repetir el paseo de vuelta.
Los convoyes Kuromatsu, Akamatsu y Aomatsu, diseñados por Eiji Mitooka, recorren la costa con interiores de madera y servicio de comida a bordo.
Viñedo y sala de cata con vistas a Amanohashidate, con quesos y barbacoa; poco habitual en esta parte de Japón.
Prueba veterana de cien kilómetros por la costa de la península, con cortes de tiempo generosos.
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