Chubu, Japón · Pueblo/ciudad pequeña, Montaña
Retiro de montaña de veraneantes desde la era Meiji, con la cascada de Shiraito, las tiendas centenarias de la calle Kyu-Karuizawa Ginza, y uno de los mayores outlets de Japón junto a la estación.
Tren — Shinkansen Hokuriku directo desde Tokio, unos 60-80 min sin trasbordos, ¥5.600 sin reserva; cubierto por el Pase JR Nacional y el Pase JR East.
Baño termal de día en pleno bosque, con el mismo manantial que usa el resort de lujo de al lado pero abierto a cualquiera.
La calle comercial original del pueblo, con tiendas centenarias de encurtidos, pan y artesanía que sobreviven desde que Karuizawa era un retiro de misioneros y diplomáticos.
Cascada de 70 metros de ancho formada por decenas de finos hilos de agua subterránea, como una cortina de hilos de seda blanca.
Nueve edificios de madera unidos por pasarelas entre un bosque de olmos, con tiendas y restaurantes de diseño; se entra gratis y es el corazón moderno del pueblo.
Hotel de 1894 donde John Lennon y Yoko Ono veraneaban cada año con su hijo; el bar sigue sirviendo el té con leche que él pedía y está abierto a quien no se aloja.
Capilla de arquitectura orgánica medio enterrada, hecha de arcos alternos de piedra y vidrio, dedicada al pensador cristiano Uchimura Kanzo; cierra cuando hay boda.
El pueblo es llano y está trazado para la bici: carriles entre alerces que enlazan el casco antiguo, el estanque de Kumoba y la zona de Hoshino, con alquiler junto a la estación.
Edificio de Ryue Nishizawa (SANAA) con el suelo ondulado siguiendo el terreno y muros de vidrio curvo, con patios de bosque dentro; alberga las cascadas pintadas de Senju.
Salida guiada al anochecer para ver salir del nido a la momonga, la ardilla voladora japonesa; hay que reservar y funciona incluso con niños pequeños.
Karuizawa fue sede del curling en los Juegos de 1998 y sigue siendo la capital japonesa de este deporte; su pabellón ofrece sesiones de iniciación para visitantes.
Curiosidad logística difícil de batir: las pistas están al lado mismo de la estación de shinkansen, y gracias a los cañones de nieve abren desde principios de noviembre.
Capilla de madera del misionero canadiense que en 1886 empezó a veranear aquí y prácticamente inventó Karuizawa como refugio de montaña; su villa se conserva al lado como museo.
Uno de los mayores outlets al aire libre de Japón, justo al lado de la estación, con marcas japonesas e internacionales.
La mermelada japonesa nació aquí con los misioneros occidentales; quedan varias casas históricas de mermelada, una panadería de 1933 y una tradición de jamones y embutidos ahumados.
Arte moderno japonés e internacional en un parque de esculturas junto al río, uno de los museos privados más sólidos fuera de las grandes ciudades.
Un campo de lava negra de la erupción de 1783, que arrasó los pueblos del otro lado del monte, recorrido hoy por senderos entre las rocas y con un templo conmemorativo.
Antes de ser un resort de veraneo, Karuizawa era una posta del Nakasendo; en Oiwake se conserva el cruce histórico donde el camino se bifurcaba, con un pequeño museo.
Viaducto de ladrillo de 1893 y un sendero que aprovecha los túneles del antiguo ferrocarril de cremallera que subía el paso; queda en el lado de Gunma, a media hora en coche.
El Asama es un volcán activo y su cráter lleva más de cincuenta años cerrado: la ascensión permitida sube al pico contiguo del Maekake. El nivel de alerta cambia con frecuencia, así que hay que consultar el aviso volcánico oficial antes de ir.
La comarca es cuna de una de las cerveceras artesanas más conocidas de Japón, y se bebe en las terrazas del pueblo.
Suena raro como visita, pero es un ritual local: el supermercado gourmet donde las familias con villa hacen la compra, con productos de marca propia que solo se venden aquí.
Pequeño lago rodeado de arces, conocido como el 'estanque de los espejos' por sus reflejos, especialmente vistoso en otoño.
De noviembre a febrero se iluminan los olmos de Harunire y las capillas del bosque, con conciertos de villancicos; es lo más parecido a una fiesta que tiene el pueblo.
Arte japonés de posguerra en un edificio de vidrio en pleno casco antiguo, con galerías gratuitas en la planta baja.
Parque junto al lago Shiozawa donde se han trasladado villas históricas del pueblo, con barcas de remos y un museo del ilustrador francés Peynet.
En 1957, el entonces príncipe heredero Akihito conoció aquí a Michiko jugando al tenis, en el que fue el noviazgo más comentado del Japón de posguerra; las pistas siguen abiertas al público.
Balcón sobre toda la llanura de Kanto en la antigua frontera entre provincias, junto a un santuario que está literalmente partido entre dos prefecturas.
Pabellones repartidos sobre el agua en un valle privado, con termas propias y programas de descanso; es de los alojamientos más caros de Japón.
El primer santuario de aves creado en Japón, en 1974: pasarelas por el bosque con más de ochenta especies y entrada libre.
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