🏯 Historia · 99 destinos · 636 actividades
Gran parte del Japón anterior a 1868 se perdió en incendios, terremotos y bombardeos, así que lo que queda en pie está muy concentrado. Doce castillos conservan su torre original, unas cuantas ciudades mantienen barrios enteros de la época Edo y algunas calles de posta siguen exactamente como estaban. Estos son los destinos donde eso se ve sin tener que imaginárselo.
El jardín cuesta 700 yenes adultos, 600 yenes para grupos de veinticinco o más, e incluye el museo Hoshokan; no se puede pagar solo el jardín. El jardín abre de 8:45 a 17:30 con última entrada a las 17:15 y el museo de 9:00 a 17:00 con última entrada a las 16:45, todos los días del año. Entrar en el Ho-o-do a ver el Amida de Jocho cuesta 300 yenes más y funciona por turnos cada veinte minutos, de 9:30 a 16:10, con cupo limitado por turno y billetes que se venden en la recepción del jardín, no por internet. Hay que estar cinco minutos antes de la hora asignada, la explicación es solo en japonés (dan folleto en otros idiomas) y el interior puede cerrarse sin previo aviso por ceremonias. La fuente oficial da dos cifras de aforo distintas, veinte y cincuenta personas por turno: conviene confirmarlo al comprar.
El mayor depósito de arte budista, pintura y cerámica de la ciudad, en el ala Heisei Chishinkan de Taniguchi Yoshio. Abre de 9:30 a 17:00, con horario ampliado los viernes, y cierra los lunes (si el lunes es festivo abre y cierra al día siguiente) y en fin de año. Aviso importante: las salas están cerradas por obras del 7 de septiembre al 5 de octubre de 2026 y solo se puede pasear por los jardines; el aparcamiento también está cerrado del 7 de septiembre al 4 de octubre. Del 6 de octubre al 29 de noviembre de 2026 hay exposición especial sobre el Genji Monogatari. El Meiji Kotokan, el edificio original de ladrillo de 1895 de Katayama Tokuma, no está abierto a diario: en 2026 solo abrió al público del 11 al 20 de julio, sin inscripción previa. Conviene confirmar el calendario antes de ir porque el museo alterna cierres por montaje.
El recinto y el acueducto de ladrillo Suirokaku, obra del Canal del Lago Biwa, son de acceso libre; el jardín del Hojo y la subida a la Sanmon se pagan por separado, en torno a 500-600 yenes cada uno según la fuente (conviene confirmarlo en taquilla). Horario 8:40-17:00 de marzo a noviembre y 8:40-16:30 de diciembre a febrero, sin días de cierre; hay sala de té con matcha y wagashi por unos 500 yenes. Aviso importante: el subtemplo Nanzen-in está cerrado por obras hasta la primavera de 2027, así que no cuentes con su jardín de estanque. Siguiendo el acueducto aguas arriba se llega al Okuno-in y su pequeña cascada, casi siempre vacío.
El sistema cambió y hoy se entra libremente: ni solicitud previa ni entrada, es gratis y se accede caminando. Hay visitas guiadas gratuitas sin inscripción, en inglés y chino a las 10:00 y 14:00 (unos 50 minutos) y en japonés a las 9:30, 10:30, 13:30 y 14:30; hay que estar en la sala de visitantes a la hora de inicio. Cierra los lunes (si el lunes es festivo cierra el martes siguiente) y del 28 de diciembre al 4 de enero, y puede cerrar sin previo aviso por actos de la Casa Imperial, visitas de dignatarios o mal tiempo. Se ven el Shishinden, el Seiryoden y el jardín Oikeniwa; los edificios se contemplan desde fuera.
Las puertas del recinto abren de 5:00 a 17:00 y el Miedo y el Jikido son gratuitos; el Kondo y el Kodo cuestan 800 yenes adultos, 400 yenes bachillerato y 300 yenes hasta secundaria, de 8:00 a 17:00 con última entrada a las 16:30. El Kodo guarda veintiuna esculturas dispuestas como mandala tridimensional según el diseño de Kukai, y es lo que hay que ver aunque la pagoda sea lo que sale en las fotos. El Kanchi-in se paga aparte, 600 yenes, de 9:00 a 17:00. El Homotsukan solo abre en primavera y otoño por 600 yenes; en 2026 la tanda de otoño va del 20 de septiembre al 25 de noviembre.
La obra de referencia de la arquitectura sukiya y del jardín de paseo, admirada por Bruno Taut y por medio siglo de arquitectos modernos. Solo se entra en visita guiada de unos 60 minutos y hay que solicitarla antes. Desde 2019 cobra 1.000 yenes a partir de 18 años; de 12 a 17 es gratis y los menores de 12 no pueden entrar, tampoco bebés. Aforo de 20 personas por pase y 480 al día en el cupo reservado; la solicitud online se abre el día 1 del mes tres meses antes y cierra tres días antes, con sorteo si hay exceso de demanda y resultado por correo en tres días hábiles. Quedan 70 plazas diarias (10 por pase) para el mismo día por orden de llegada desde las 8:40 en la propia villa, con pasaporte. Hay pases pensados para extranjeros a las 9:20, 11:20, 13:20, 15:20 y 16:20. Cierra lunes (martes si el lunes es festivo) y del 28 de diciembre al 4 de enero. Hay que enseñar documento de identidad en la entrada. Matiz sobre el acceso: las fuentes consultadas no coinciden en si la solicitud en linea se resuelve por orden de llegada o por sorteo cuando hay exceso de demanda. Lo seguro es que hace falta solicitud previa y que existe un reparto de plazas del mismo dia; conviene confirmarlo en la web de la Agencia de la Casa Imperial.
Uno de los tres jardines más bellos de Japón, distinto en cada estación.
El decimotercer señor Maeda, Nariyasu, la levantó en 1863 para que su madre pudiera vivir mirando a Kenroku-en, y es una de las residencias señoriales de finales de Edo mejor conservadas de Japón: la sala Gunjo, pintada con azul ultramar importado, y las puertas correderas con pájaros del Netsuke-no-ma. 700 yenes, 9:00-17:00 (última entrada 16:30), cierra los miércoles.
Calles empedradas con casas de té tradicionales bien conservadas.
Los Maeda concentraron unos setenta templos al suroeste del río Sai como cinturón defensivo de la ciudad: tejas negras, muros de tierra y campanarios uno detrás de otro. El Myoryu-ji está aquí, pero la gracia está en las callejuelas de atrás, donde los templos pequeños siguen siendo parroquias de barrio. Es zona residencial: se pasea en silencio y muchos recintos se cierran a las cinco.
Ochaya de doscientos años que sigue en activo: de día se visita por 750 yenes (10:00-17:00, última entrada 16:30, suele cerrar los miércoles) y de noche solo se entra si has contratado una velada. Dentro hay una escalera lacada en rojo bermellón y una sala con tatamis tejidos con hilo de oro y grullas de papel dorado en el suelo.
La cocina kaga no es solo el jibuni: es un menú entero servido en porcelana Kutani de cinco colores y cuencos de laca, con pescado del mar de Japón y verduras de Kaga, en casas como Tsubajin, abierta desde 1752. Los mediodías arrancan en torno a los 8.000 yenes y las cenas se van al doble o más; hay que reservar con días y muchas casas cierran un día fijo a la semana.
La mitad interior del Sankeien es la que el comerciante de seda Hara Sankei se reservó para sí: el Rinshunkaku, villa de los Tokugawa de Kii construida en 1649 junto al río Kino y traída pieza a pieza entre 1906 y 1917, y el Kakushokaku donde alojó a pintores como Yokoyama Taikan. El Rinshunkaku es bien cultural importante y normalmente no se entra: se recorre por fuera, por la galería y el puente. Entrada al jardín 900 yenes adultos y 200 escolares, de 9:00 a 17:00 con último acceso a las 16:30, y solo cierra del 26 al 31 de diciembre.
Siete casas de los residentes extranjeros conservadas y abiertas gratis: Berrick Hall y la Casa 234, la Casa del Diplomático y la Casa 111 junto al mirador, la Casa Británica, la Ehrismann y la Bluff 18. Todas abren de 9:30 a 17:00 y no se puede hacer la ruta entera un día cualquiera porque cada una cierra un día distinto del mes, normalmente el segundo o el cuarto miércoles: conviene mirar el calendario antes. Se recorren andando en un par de horas entre Motomachi-Chukagai e Ishikawacho.
Los marineros extranjeros bautizaron con naipes las tres torres del puerto: el Jack es el Salón Conmemorativo de la Apertura del Puerto (1917, vidrieras y ladrillo), la Queen es la Aduana (1934, cúpula verde) y el King es la sede del gobierno de Kanagawa (1928). Las tres se visitan gratis, y el King abre en días laborables su azotea y una sala histórica. La tradición local dice que hay tres puntos de la ciudad desde los que se ven las tres a la vez, y hay sellos que lo certifican.
Medio kilómetro de paseo entre Sakuragicho y los almacenes de ladrillo montado en 1997 sobre el trazado del ferrocarril portuario de 1911, con los raíles originales embutidos en el suelo. Se cruzan tres puentes de celosía históricos, dos de ellos fabricados por la American Bridge Company en 1907, y al final queda el andén conservado de la antigua estación de Yokohama-ko. Al atardecer es el mejor sitio para ver la noria encenderse.
El barrio chino tiene diez puertas y cuatro de ellas marcan los puntos cardinales con los animales guardianes del feng shui: Choyomon al este con el dragón azul, Suzakumon al sur con el ave bermellón, Enpeimon al oeste con el tigre blanco y Genbumon al norte con la tortuga negra, cada una pintada de su color. La más fotografiada, el Zenrinmon de 13,5 metros, se levantó en 1955 como símbolo de la reconstrucción de posguerra. Hacerlas todas es un paseo de una hora larga y se ve mejor a primera hora, antes de que el barrio se llene.
Botado en 1930 para la línea Yokohama-Seattle y hoy bien cultural importante, es el único transatlántico japonés de preguerra que se conserva: se recorren los camarotes art déco de primera, el comedor, el puente y la sala de máquinas. Entrada 300 yenes adultos y 100 escolares, solo en efectivo, de 10:00 a 17:00 con último acceso a las 16:30 y cierre los lunes. El Museo Marítimo de NYK que había enfrente lleva cerrado desde abril de 2023 y no reabrirá hasta la primavera de 2027.
A solo 460 metros del hipocentro: murieron ciento sesenta alumnos y dieciséis docentes. Se conservan los mensajes que los supervivientes escribieron con tiza en las paredes de la escalera para buscar a sus familiares, encontrados bajo capas de pintura en 1999. Es gratuito, sobrecogedor y casi siempre está vacío.
Memorial y museo sobre la bomba atómica, con la Cúpula Genbaku como testimonio. Nota de tono: son lugares de duelo activo, con familias que aún acuden. Nada de fotos posadas ante la Cúpula. El museo es duro para menores de unos diez años y conviene decidir con eso en mente. Es además el punto más masificado de la ciudad: mejor a primera o a última hora.
Unos ciento setenta árboles sobrevivieron al bombardeo y están señalizados con placa: doce de ellos dentro de los mil metros del hipocentro. El más cercano es un sauce llorón a 370 metros que cayó y rebrotó desde la raíz, y el segundo un acebo a 410 que ardió y rebrotó en 1949. La adelfa es flor oficial de la ciudad precisamente por haber rebrotado en 1946. Permite leer la ciudad desde lo que quedó vivo, y no solo desde lo que se destruyó.
El museo gestiona charlas de hibakusha y, cada vez más, de denshosha, personas formadas para transmitir el testimonio de un superviviente concreto. La edad media de los supervivientes supera ya los 86 años y las charlas directas son escasas: hay que solicitarlas con semanas o meses de antelación.
A las 8:15 suena la campana y toda la ciudad guarda un minuto de silencio. El recinto central del parque está acotado para invitados y familias de víctimas: para ver algo hay que llegar antes de las 7:00, y alrededor conviven el duelo, las cámaras de medio mundo y varias manifestaciones. Los hoteles de Hiroshima se agotan con meses de antelación para esa noche.
La bomba estalló a unos 600 metros de altura sobre la clínica Shima, no sobre la Cúpula. El punto exacto está marcado con una placa y un panel explicativo en una acera estrecha de Otemachi, a unos cinco minutos a pie del parque, delante de una clínica que sigue en funcionamiento. No hay entrada ni monumento: mucha gente pasa de largo sin verlo.
El museo más importante de Japón, con el Honkan dedicado al arte japonés por cronologías, el Toyokan a Asia continental y la Galería de Tesoros del Horyu-ji de Taniguchi Yoshio a bronces budistas del siglo VII. Mil yenes, gratis para menores de dieciocho y mayores de setenta.
Lo que queda del castillo de Edo, el mayor del mundo en su día: la base de piedra de la torre del homenaje que ardió en 1657 y nunca se reconstruyó, la torreta Fujimi-yagura y el cuerpo de guardia de los cien hombres. Entrada gratuita y sin reserva, pero cierra lunes y viernes, y el horario se acorta en invierno (noviembre a febrero, hasta las 16:00).
Empezado en 1629 por los Tokugawa de Mito y acabado en 1637, con paisajes copiados de China y Japón: el puente de piedra Engetsukyo cuyo reflejo cierra un círculo perfecto, un arrozal que la familia cultivaba de verdad y una réplica del monte Lu. Trescientos yenes, abierto todos los días de 9:00 a 17:00 salvo fin de año. El contraste con la mole del Tokyo Dome asomando por encima de los arces es parte de la experiencia; el color de los arces llega tarde, hacia la primera quincena de diciembre.
Santuario sintoísta dedicado al emperador Meiji, rodeado de un bosque frondoso junto a Harajuku. El santuario es gratuito pero el jardin interior Gyoen se paga aparte, y en junio tiene unos mil quinientos lirios japoneses en flor.
Uno de los tres grandes festivales de Edo, celebrado a lo grande SOLO en años impares: el sábado una procesión de casi mil personas recorre treinta kilómetros por Kanda, Nihonbashi y Marunouchi; el domingo entran al santuario más de doscientos mikoshi. En años pares hay kage-matsuri, una versión reducida y casi interna.
Treinta edificios trasladados y remontados, desde una granja de Edo hasta la casa de Kunio Maekawa y una calle comercial de shitamachi que inspiró a Miyazaki. Cuatrocientos yenes, cerrado los lunes, y está en Koganei, no en el centro.
El Ashura de laca seca del año 734, con tres caras y seis brazos y cara de adolescente preocupado, es una de las esculturas más queridas de Japón y está aquí, a cinco minutos de la estación. El museo abre de 9:00 a 17:00 (último acceso 16:45) y cuesta 900 yenes; el billete combinado con el Salón Dorado Central y el Oriental sale por 1.600.
Asuka fue la capital antes que Nara y hoy es un valle de arroz sembrado de túmulos, templos y piedras talladas, con un circuito señalizado que se hace en bici en un día. Se alquilan junto a la estación de Kintetsu Asuka, de 8:30 a 17:00 y solo en efectivo, por unos 1.200 yenes al día (1.700 las eléctricas, que compensan porque hay cuestas). Desde Nara son unos cincuenta minutos con transbordo en Kashiharajingu-mae.
Primer templo budista de verdad que se construyó en Japón, fundado en 596, con un Buda de bronce del año 609 que sigue en el mismo sitio donde lo fundieron: está agrietado y recompuesto tras varios incendios, y los monjes te dejan fotografiarlo y explican la historia sin prisa. Es pequeño y humilde, nada que ver con el Gran Buda de Nara, y ahí está la gracia.
Diecisiete días al año la Casa Imperial saca del almacén del Shosoin, en Todai-ji, unas sesenta piezas del ajuar del emperador Shomu: laúdes con incrustaciones de nácar, vidrio persa, máscaras y documentos del siglo VIII que llevan mil trescientos años sin salir apenas a la luz. En 2026 va del 24 de octubre al 9 de noviembre en el Museo Nacional de Nara, con entrada horaria que hay que comprar antes (2.000 yenes) y colas largas entre las 12:00 y las 15:00.
Una retícula de seiscientos por trescientos metros con unas mil quinientas edificaciones, de las que cerca de quinientas son casas de mercader de los siglos XVII a XIX: fue una ciudad autónoma amurallada que acuñó su propia moneda y acumuló tanto dinero que se decía que siete de cada diez monedas de Yamato estaban en Imai. Son viviendas particulares, no un museo; solo unas pocas, como la casa Imanishi de 1650 y el centro Hana-iraka, se visitan por dentro. Está a diez minutos a pie de Yagi-Nishiguchi.
Ciento veinte hectáreas de descampado donde estuvo el palacio de la capital del siglo VIII, con la puerta Suzakumon y el salón del trono reconstruidos a tamaño real y el jardín Tōin, el jardín palaciego más antiguo de Japón. La entrada es gratuita y está a diez minutos a pie de Yamato-Saidaiji; avisamos de que es un llano enorme sin sombra, con los edificios muy separados y una línea de tren cruzándolo por el medio, así que decepciona a quien espere un palacio en pie.
Terminada en 1864, es la iglesia cristiana en pie más antigua de Japón, el primer edificio de estilo occidental declarado Tesoro Nacional y parte del Patrimonio de la Humanidad de los Sitios Cristianos Ocultos. Aquí ocurrió en 1865 el llamado descubrimiento de los cristianos ocultos.
Isla-mina abandonada en 1974, hoy Patrimonio de la Humanidad. Cuatro navieras autorizadas hacen el desembarco, pero depende del oleaje y se cancela con frecuencia incluso con buen tiempo: conviene reservarlo el primer día disponible del viaje. Solo se accede a una pasarela de unos 220 metros. Es importante saber que allí trabajaron forzados coreanos y prisioneros chinos, un punto de conflicto histórico aún abierto.
Memorial dedicado a las víctimas del segundo bombardeo atómico. El parque, el museo y el hipocentro son lugares de duelo activo, no atracciones: nada de selfis sonrientes ante la estatua de la Paz ni ante el monolito del hipocentro, no se tocan ni se retiran las guirnaldas de grullas y se guarda silencio en la Sala del Recuerdo. El 9 de agosto hay ceremonia oficial y la zona se cierra parcialmente. Los testimonios en directo de supervivientes son cada vez más escasos por edad y hay que reservarlos con semanas de antelación a través de la ciudad.
Ambas están dentro del municipio de Nagasaki, a unos cincuenta minutos al noroeste, y ambas son componentes del Patrimonio de la Humanidad de 2018. Shitsu conserva la iglesia y las obras sociales del padre De Rotz; Ono es una iglesita de piedra levantada por la propia comunidad de cristianos ocultos. Como todas las iglesias del bien UNESCO, exigen aviso previo porque son parroquias en uso, y está prohibido fotografiar el interior.
Bizcocho de origen portugués del siglo XVI adaptado con melaza de arroz, con el fondo de azúcar en grano característico. La casa Fukusaya se fundó en 1624 y su tienda principal es un edificio histórico.
Estaba a quinientos metros del hipocentro y quedó destruida el 9 de agosto de 1945; la actual es una reconstrucción de 1959, con restos de la original conservados en el jardín y en el parque de la Paz. Su campana perdida en la explosión fue reproducida por donación estadounidense y desde agosto de 2025 ambas vuelven a sonar juntas.
El palacio residencial del castillo, quemado en 1945 y rehecho entre 2009 y 2018 con madera de ciprés, carpintería tradicional y copias de los biombos originales, que se salvaron porque se habían desmontado durante la guerra. Se entra descalzo y no se puede tocar nada. Está incluido en los 500 yenes del castillo (9:00-16:30, acceso a los edificios hasta las 16:00). Conviene saber que la torre del homenaje lleva cerrada desde mayo de 2018 por riesgo sísmico y que su reconstrucción en madera no se espera antes de 2032: hoy solo se ve por fuera.
La torre de madera más antigua que se conserva en Japón, y a su lado un museo al aire libre con edificios de la era Meiji trasladados enteros, incluido el vestíbulo del Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright.
Detrás del pabellón principal, las seis hectáreas de bosque esconden lo que casi nadie mira: el Nobunaga-bei, un muro de barro y teja que Oda Nobunaga pagó en 1560 para agradecer la victoria de Okehazama; el alcanforero de mil años atribuido a Kobo Daishi; y el Kamichikama-sha, donde la gente deja ollas de barro pidiendo cosas concretas. El recinto está abierto las veinticuatro horas y es gratuito, pero es un santuario en uso: nada de trípodes ni de fotos dentro del pabellón.
Atsuta custodia la espada Kusanagi, una de las tres joyas imperiales, que nunca se expone y que ni los sacerdotes ven. Lo que sí se ve está en dos edificios: el Kusanagi-kan, dedicado a las espadas, con la naginata más grande de Japón y réplicas que se pueden levantar para notar el peso, y el Homotsukan, con parte de los más de seis mil objetos donados al santuario. Cada uno cuesta 500 yenes, abren de 9:00 a 16:30 (última entrada 16:00) y cierran el último jueves de mes y el día anterior.
El tesoro heredado de la rama de Owari de los Tokugawa, incluidos los rollos ilustrados del 'Genji' del siglo XII, que por su fragilidad solo se exponen unos pocos días al año.
Este templo del barrio de Nakagawa guarda unas 1.250 tallas del monje errante Enku, más de la cuarta parte de todas las que se conservan en Japón: figuras hechas a golpe de hacha en madera basta, muchas del tamaño de un dedo. Solo se enseñan el segundo sábado de cada mes, de 13:00 a 16:00, por 500 yenes y sin fotos. El resto del año se entra gratis al recinto, donde está la pagoda de 1536, el edificio de madera más antiguo de la ciudad.
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